Un viaje muy reconfortante.


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Cuando nació mi hijo solicité un permiso de 6 meses que transcurrió rápidamente y pronto tuve que volver a trabajar, pero poco antes de regresar al despacho mi esposo y yo decidimos ir a Veracruz de vacaciones, no al puerto sino a la zona de Papantla para ver las pirámides y después hacer un recorrido por la costa, por supuesto el bebé nos acompañó. Emprendimos esta aventura desde el DF y de ahí tomamos carreteras que no son autopistas con el propósito de conocer los diversos lugares de los dos estados que atravesaríamos. Mi pequeño hijo, en ese momento de 5 meses viajaba en el asiento trasero en su silla especial, y cada vez que mostraba hambre hacíamos un alto, me pasaba al asiento trasero y sacaba una de mis enormes y cargadas tetas para alimentar al niño. A veces lo cargaba y acunado en mis brazos lo amamantaba, y en otras por su seguridad simplemente le acercaba el pecho a su boca mientras el permanecía en su silla. Esto sucedió muchas veces en nuestro trayecto, el bebé adormecido por la carretera sólo dormía y mamaba una y otra vez.
Hubo un trayecto muy largo en el que yo iba manejando el automóvil, en el cual el bebé permaneció dormido muchas horas por lo que mis tetas estaban rebosantes y empezaron a escurrir, le pedí ayuda a mi esposo, pero él consideraba que no era adecuado hacer un alto para que él mismo mamara para ayudarme a vaciarlos, ya que estábamos en un lugar público. Entonces yo le pregunté ¿Eso que importa? No creo que si hacemos un alto alguien se asome hacia el interior del auto para ver que estamos haciendo, pero él se sentía intimidado. Entonces, le dije, voy a despertar al niño porque ya no puedo ni manejar, mis pechos están tan crecidos que al mover los brazos el roce me provoca dolor. Pero en eso sentí el deseo de que fuera él quien tomara mis pezones en su boca y chupara hasta terminar con las grandes cantidades de leche que contenían. Yo llevaba una camiseta gris con pequeños tirantes y estaba sin brassier por el sofocante calor que hacía, bajé un poco la velocidad y entonces metí mi mano izquierda al escote y en un solo movimiento descubrí el pecho que goteaba leche profusamente, entonces adiviné en la mirada de mi esposo que no se podría resistir a la invitación de tomar esa leche que manaba incontrolable; se acomodó en el asiento y empezó a beber con avidez mientras yo conducía con la mano izquierda.

Al estar fuera de la intimidad de una habitación amamantando a mi esposo me fascinó, sentía como los ductos que nutren mis pezones de leche respondían a cada chupeteo, percibía intensamente como recorre la savia todo el pecho y como el pezón abría su pequeño orificio para satisfacer a mi querido esposo. Transcurrió un buen tiempo en ese silencio maravilloso en el que todo desapareció, incluso percibía algo así como que mi hombre formara parte de mí al estar tan estréchamente aferrado a mi teta. ¡Aaahhh! ¡Cuanto placer! No sé como podía seguir conduciendo el auto, parecía estar bajo el influjo de alguna droga. Cuando la teta derecha quedó vacía mi marido, con la boca aún húmeda de leche mi pidió que hiciera un alto en el acotamiento, busqué un lugar adecuado y lo hice. Entonces le pedí que hiciera su respaldo hacia atrás y yo hice lo mismo, encontramos una posición cómoda, pusimos una pieza de música clásica y le ofrecí el seno izquierdo que tenía suficiente leche que dar para que otro buen rato succionaba mi teta, mientras yo pasaba mis manos por su cara, cabeza y espalda con toda la sensualidad, ternura y erotismo que nuestra práctica secreta me produce, cuanto sentí que mi pecho se adelgazaba, rodeé mi pezón con los dedos y apreté para exprimir el seno hasta que vertiera todo su contenido, así introducía aun más la teta dentro de su boca que seguía tan ávida como si apenas hubiésemos iniciado el amamantamiento. Chupo como nunca, hasta dejar nada, lo hizo con tanto vigor que mis pezones estaban más coloreados, erectos y sensibles que nunca. Al terminar descansamos un poco recostados en el asiento, sin decir palabra y dejando que él mantuviera el pezón entre sus labios. Reemprendimos el camino, él se quedó dormido a profundidad, yo manejaba con una sensación de felicidad y plenitud pocas veces experimentada.
Los escenarios veracruzanos fueron testigos de nuestra afición por el amamantamiento erótico, encontramos muy excitante el pasar del ámbito privado al público para que yo diera el pecho a mis dos lactantes. Por supuesto, en el caso de mi marido no lo hacíamos ante otros ojos, pero sí buscábamos espacios solitarios para que mis pechos quedaran libres ya sea para mi niño o para él. A mí me causa un enorme placer dar de mamar a mi bebé en público, incluso ahora que se ha convertido en un niño inquieto, de repente suelta el pezón para distraerse con algo que llama su atención, entonces aprovecho para exhibir mi pecho y pezón en toda su dimensión ante los extraños, bajo la justificación de que estoy lactando. En ocasiones finjo cierta distracción y envuelvo la teta exhibida con mis manos para frotarla con movimientos circulares, supuestamente para facilitar la salida; así volteó a ver los rostros de la gente que en ocasiones son de deseo (incluso mujeres) y a veces son de desaprobación, pero no me importa.

Cuando los tres llegamos a una playa solitaria cerca de Nautla hicimos nudismo, yo sólo quedé en tanga y mis pechos estuvieron a la intemperie durante horas. Tanto mi pequeño como mi adulto lactantes mamaron esa mañana sin restricción alguna, se acercaban y yo complaciente sólo facilitaba su posición y la mía para poder disfrutar el momento, para sentir el placer. A veces, el que uno viera al otro pegado a la teta hacía que se acercara para compartir los pechos, decía mi esposo al respecto: “por eso las mujeres tienen dos pechos, para hacer felices al hijo y al padre simultáneamente”. Yo le respondía: “No, tenemos dos pechos para disfrutar por partida doble”. Él y yo llegamos a pensar que así fue el paraíso, sin las restricciones de la moralina y pleno de libertad para jugar un juego tan inocente y tan perverso que es el favorito de un niño y su madre.
El viaje en total fue maravilloso, no hubo impedimento alguno. De regreso y ya más libres de miedos y tabues nos parábamos en cualquier acotamiento para que uno, otro o ambos me descargaron los pechos con sus hambrientas bocas. Llegamos a casa, mi marido y yo aunque cansados no dejamos de buscar el sueño como siempre, abrazados y unidos estrechamente por su boca tan aficionada a mamar y por mis tetas siempre tan pródigas para él. Después de esta experiencia me pregunté muchas veces si no se estaba convirtiendo esto en una adicción, porque yo podría pasar todo el tiempo amamantando a mi hijo y a mi esposo, pero también descubrí que empezaba a fantasear con alimentar al pecho a otros niños y a otros hombres que compartieran mi cada vez más perversa afición.

Encuentro casual.


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Hola a todos mi nombre es Juan y tengo 22 años , hasta hace unos días por fin pude cumplir con mi fantasía que era poder probar leche materna, pues bien les contare esta fantástica experiencia.
Resulta que el domingo fui al cine con unos amigos para olvidar el estrés de una pesada semana, en el cine al estar formado en la fila para poder accesar a la sal conocí a una mujer muy bonita como de unos 27 años de edad que tenia en brazos a un bebe de unos 3 meses, todo transcurría normal hasta accesar a la sala para poder ver la película, como estaba muy obscuro ella tropezó y yo pude detenerla a ella con todo y su bebe y pañalera me dio las gracias y yo le respondí que no tenia nada que agradecer, no le tome tanta importancia y seguí mi camino para poder observa la película cómodamente por lo que me fui hasta el lugar mas alto de la sala por lo que tenia un gran panorama, mis amigos se sentaron hasta enfrente por lo que no habría distracción alguna, de pronto a aquella bonita mujer se sentó a mi lado sonriéndome con lo que yo le correspondí con otra sonrisa me pregunto que si me gustaba los lugares muy obscuros por lo que le respondí que desde ese lugar podría observar mejor la película y tendríamos menos distracción, ella me contesto que a ella le parecía un buen lugar en caso de que su bebe empezara a llorar y así ella podía amamantarlo con toda confianza por lo que le dije que era un buen lugar.
Así empezamos a platicar mas, mientras pasaban los cortos de otras películas la verdad era muy agradable platicar con ella, me presento a su bebe por cierto bastante risueño e igual de bonito que su madre antes de que comenzara la película le pregunte que si acepta como invitación unas palomitas y un refresco y con una alegre sonrisa me respondí que si y me dio las gracias por lo que me levante y fui por las palomitas y los refrescos para disfrutar de la película al regresar todo transcurría normal y por fin la película empezó, pero solo observamos unos 20 minutos de película pues su bebe se soltó a llorar intensamente ella dijo que era hora de darle de comer y que con eso se calmaría pero para nuestra mala fortuna el bebe no quería comer y cada ves lloraba con mas intensidad por lo que la gente que había en la sala se molesto bastante y ella me dijo que tenia que irse por que no quería incomodar a las demás personas de la sala, por lo que le dije que estaba bien pero con tantas cosas que tenia entre el bebe, la pañalera y sus palomitas y refresco no podía con todo por lo cual le dije que le ayudaría con la pañalera, las palomitas y el refresco y ella solo se preocupara por su bebe, y así entre chiflidos abandonamos la sala y salimos del cine hasta que su bebe por fin dejo de llorar.
Al salir ella me pidió disculpas por haberme hecho perder de la película por lo que le respondí que algún otro día podría verla en ese momento entre susurros dijo no puede ser exclamando preocupada me he manchado y yo le conteste que si le ocurría algún problema y ella me contesto que se había manchado su playera con leche que le estaba saliendo de sus pechos, que la verdad eran bastante grandes y al parecer producían una gran cantidad de leche, entonces me quite la chamarra que tenia puesta y se la preste me paso al bebe y se puso la chamarra un tanto apenada por la situación en que se encontraba sonriendo me dio las gracias , mientras yo seguía cargando a su bebe, me dijo que tenia que irse a casa para poder quitarse su blusa empapada y devolverme mi chamarra, yo conteste esta bien mucho gusto en conocerte, pero ella me contesto que como me entregaría mi chamarra y yo le dije que se la quedara que no había problema alguno, apenada contesto que no que ya había hecho bastantes favores por ella.
Me pidió que la acompañara a su casa para que me la devolviera, al principio lo dude y ella me dijo que no estaba lejos su casa que en taxi eran como unos 5 minutos yo le respondí que tenia carro y me ofrecía a llevarla a casa por lo que ella acepto, entonces fuimos por el carro y emprendimos el viaje a su casa pero como era domingo el trafico estaba a reventar y el bebe se puso inquieto pero ahora si por comer , ella se desabrocho la chamarra y se levanto la blusa que traía y de su sonten blanco dejo liberar un gran pecho que escurría de leche, pego a su bebe al pezón y el pequeño comenzó a mamar desesperado yo al ver de reojo aquel bello pecho me exite bastante y solo trataba de disimular para no cometer una indiscreción entonces ella me dijo que alivio las tengo tan llenas que van a reventar me dijo que su bebe casi no succionaba leche por lo que tenia que sacársela con un sacaleches y dársela con mamila pero como tenia tanta, a veces tenia que sacarla y tirarla para aliviar el dolor de sus pechos, yo le conteste que por que no se la tomaba que si sabia que la leche materna era muy nutritiva y que tenia un sabor dulce, entonces ella me dijo sonriendo has probado la leche materna? yo conteste que no que lo había leído en artículos y en internet, entonces ella cambio de pecho al pequeño y siguió mamando hasta dormirse.
Por fin pasamos el trafico y llegamos a su casa por cierto bastante bonita bajamos del carro, ella con su bebe en brazos ya dormido y yo ayudándole con la pañalera las palomitas y el refresco, me dijo que si no era mucha molestia que la acompañara hasta su casa por lo que le dije que no había ningún problema y nos fuimos a su casa, saco las llaves abrió la puerta y entramos a su casa me dijo que la esperara que iba a dejar al bebe en su cuna, yo espere afuera, al principio un poco resentido por que en verdad quería ver la película, pero no me paso en mente lo que me iba a pasar, después de unos 5 minutos salió y me invito a pasar por lo que le tome la palabra y pase me invito a pasara a su sala, prendió la televisión y me invito un café, yo acepte mientras ella preparaba el café le comente que si no necesitaba ayuda y me respondió que ya la había ayudado mucho y que me relajara, sirvió el café y se quito la chamarra me dijo que si la lavaba yo conteste que no se molestara me sonrió y me devolvió quedándose ella con su blusa que todavía permanecía mojada por la leche, yo la verdad no podía dejar de admirar esos bonitos pechos.
De pronto ella me pregunto que como sabía tanto de la leche materna , yo un poco nervioso le dije que me fascinaba todo sobre la leche materna, que me gustaba este tema y sobre todo la lactancia erótica, ella me miro, me sonrió y sorprendida dijo vaya hasta que me encuentro con una persona tan abierta en el tema de la sexualidad y de las fantasías sexuales yo apenado le sonreí y me arrepentí por el comentario que había hecho, de repente me dijo y has probado la leche materna alguna ves? yo conteste que no, que no había tenido la oportunidad de probar leche materna, ella me dijo pues la verdad sabe deliciosa y si es dulce te lo digo por que yo luego me tomo mi leche a causa de que mi bebe no toma tanto y tengo que aliviarme los pechos yo sonriendo le dije genial estaba muy nervioso y excitado pensando en que por fin mi sueño se haría realidad.
Entonces ella me dijo con una mirada muy dulce ¿quieres tomar mi leche calientita? yo me quede impactado, ella me dijo vamos que no te de pena veras que es muy rica yo le conteste que si no se molestaba y me dijo que para nada que le daba gusto darme de su leche , me dijo que me acercara a donde estaba ella, se quito la blusa y dejo a la vista un sostén de color blanco que aprisionaba a sus dos enormes pechos y marcaban sus dos enormes pezones color café claro ,se quito el sostén y saltaron a aire sus aprisionados pechos me dijo ven siéntate a mi lado , me recostó en sus piernas y me introdujo el pezón hacia mi boca me dijo anda sírvete todo lo que quieras yo con la boca temblando me pegue al pezón y comencé a succionar despacio para no lastimarla y de inmediato empezó a fluir su leche materna primero unas gotas y luego a chorros era calientita y muy dulce , me sentía en la gloría yo succionaba constantemente y ella gemía de placer , estuve pegado a su pecho hasta que se lo vacié por completo y luego me cambio al otro mientras mamaba ella me decía que a su marido no le gustaba verle ni mucho menos chuparle los pechos y que le daba asco la leche materna, yo me despegue de su pezón para contestarle que su marido era un tonto por desperdiciar semejantes pechos llenos de leche , ella me contesto que si que era un tonto , mientas sonreía me dijo afortunadamente que bueno que existen personas igual de abiertas que tu y que yo ,y que les guste la leche materna, yo le sonrrei y me dijo anda sigue mamando que yo lo disfruto mucho y seguí haciendo lo propio hasta vaciarlo por completo.
Al terminar me dijo me has aliviado el dolor , la verdad no cavia de felicidad por haber cumplido mi fantasía y de la película los dos ni nos acordamos, yo le di las gracias por haber cumplido mi fantasía de probar una leche tan rica como la de ella, sonriendo me dijo ¿enserio? crees que mi leche es rica yo contento y con mas confianza le dije que si que era la mejor que había probado en la vida y así estuvimos charlando unas tres horas hasta que su bebe despertó llorando , ella fue por el y dijo es hora de comer se saco su pecho y le dio , yo admirando aquel pecho lleno otra ves de leche ,se me hizo agua la boca y ella me dijo ahorita te toca a ti otra vez , sonriendo le dije que no se apurara que yo esperaría mi turno y así sucedió en cuanto el bebe termino, lo arrullo y se volvió a dormir y seguí yo , otra vez a mamar aquel pecho de donde salía esa rica leche que saciaba mi sed los vacié de nuevo y me dispuse a retírame a casa dándole las gracias por tan agradable compañía y por haber hecho realidad mi fantasía, ella me confeso que también había pasado una tarde muy agradable y que eso que había pasado se tendría que repetir otra ves, me regalo su sostén blanco empapado de leche materna el cual me éxita tanto.
Nos pusimos de acuerdo para volver a repetir aquella aventura que ambos quedamos, la repetiremos hasta que ella deja de producir leche materna. Me fui contento a casa a pesar de que me perdí la película pues había pasado el mejor momento de mi vida, cosa que no se logra con una película.

Espero les haya gustado mi relato que es puramente real. Me ocurrió apenas este domingo. Un saludo para aquellos que practican la lactancia erótica es algo fabuloso. Espero sus comentarios sobre mi experiencia y espero que me cuenten aquellos que también han tenido estas experiencias.

Incesto y Lactancia.


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Hola. Me llamo Sara. Quería contarles una historia real que sucedió despues de separarme y que continua todavía. Tengo 27 años y hace dos me separé y me fui a vivir con mi padre que era viudo. Mi padre, de 57 años, y un poco chapado a la antigua, me acogió con agrado al principio pues se encontraba muy solo desde que murió mi madre, pero cuando se enteró de que estaba embarazada, me insistió para que hiciera las paces con mi marido. Yo me negué y lo amenacé con tirarme a la calle si no me aceptaba en su casa hasta que encontrara trabajo. Al fin accedió e incluso se monstró ilusionado con mi próxima matenidad. Mi padre siempre había sido cariñoso conmigo aunque, de natural serio, no era demasiado expresivo ni gustaba de abrazar o besar a la gente, incluso de la familia. Mi embarazo lo había enternecido sin embargo. Me quedé muy sorprendida cuando me dijo la primera vez:


-A ver esa esa pancita como va?


Y cuando se la hube enseñado, levantándome un poco la parte de arriba del camison que llevaba en esos momentos, me puso la mano y me la acarició suavemente.


Me acostumbré al seguimiento diario que mi padre hacía de mi embarazo y yo misma le decía a veces, levantandome la blusa: mira como se nota ya! Y me acercaba para que él mismo lo comprobara pasándome la mano por mi vientre, a penas prominente. Yo también estaba muy ilusionada y andaba todo el día con la barriga al aire. Me sentía maravillosamente con mis pechos hinchados, turgentes, nunca los había tenido tan ricos. Por la noche, cuando me metía en la cama, o en el baño, mientras me duchaba, me los acariciaba y me los apretaba dandome muchísimo placer.


Mi padre le cogió gusto a besarme la panza porque cada día lo hacía mas detenidamente y por mas tiempo. Lo tomó como un ritual. Nunca pensé que mi padre pudiera estar excitándose sexualmente con esas caricias hasta el día en que yo misma, durante una placentera sesión de suaves masajes en mi panza, sentí una especie de escalofrío que me recorrió todo el cuerpo al sentir que la mano de mi padre hacía circulos muy abiertos sobre mi barriga y llegó a rozar los pelitos de mi pubis que me salían por al lado de la bombacha. Por dentro, me tensé bastante al sentir ese escalofrío pero hice como que no se me notaba y disimulé como pude mis pechos para que mi padre no notara como se me habían puesto los pezones con aquel latigazo, pues no llevaba sujetador y la tela del vestido era muy ligera. Al poco, mi padre se retiró y nos despedimos para ir a dormir. Me fui a mi cuarto con la entrepierna mojada y los pechos excitadísimos y cuando estuve sola me abrí los labios del coñito y me di placer entre jadeos callados para que mi padre no me oyera.


Mi padre siguió con sus toqueteos diarios a mi barrigota sin pasar de ahí. Eso sí, las miradas que me lanzaba a las tetas mientras me acariciaba no me pasaron desapercibidas, sobre todo después de que aquella caricia fortuita o que yo creí tal, en los pelitos de mi pubis, me hiciera vibrar como lo hizo.


Un día, mientras estaba con el masaje y tenía su cara mas cerca de mi escote, que ya os podeis imaginar como lo tenía, me llegó a decir:


-Hija, que pechos se te han puesto...!


-Yo me reí nerviosa y solo acerté a decirle, orgullosa:


-Sí, verdad?


-Preciosos! me contestó mi padre, mientras me los miraba ya directamente.


Yo los mostraba, inconsciente de la calentura que estaba despertando en mi padre aunque algo empecé a notar cuando ya no fue una vez de manera fortuita sino que muchas veces se detenía como quien no quiere la cosa en mis pelitos, jugueteando con ellos, mientras me acariciaba la barriga. Así estuvimos un tiempo, extasiados con esas caricias que me daba y con una calentura cada vez mayor que se convertía en lujuria solitaria por la noche.


Una mañana, estabamos sentados en la cocina desayunando. Yo estaba en camison, a través de él se adivinaba mi barriga ya notoria –estaba de siete meses- y mis hermosos pechos. De soslayo pude ver que en el pijama de mi padre asomaba un bulto que trataba de disilumar como podía. Salió de la cocina y entró en el baño. (Luego supe, porque él me lo contó tiempo atrás, que practicamente desde que llegué a la casa se había estado matando a pajas y que siempre despues de tocarme la barriga, se tenía que ir al baño o a su habitación a darse gusto pensando en mí.)

Al salir del baño, ya menos tenso, me dijo:


-A ver, como va esa barriguita?


Y empezó como siempre a sobarmela entera. Yo me dejaba hacer. A veces, lo sorprendía con los ojos cerrados mientras me acariciaba, como soñando, y un día me dijo


-Oye, nena, quería pedirte algo, espero que no te moleste, es que veras, siempre he tenido curiosidad por saber como sabe la leche materna y tu madre nunca me la dio a probar, me la darías a probar cuando te venga la leche?


-Me empecé a reir, diciendole que era un chiquillo pero me pareció algo inocente y como un juego le contesté:


-Bueno, si te portas bien, te daré algo, si sobra, claro.


-De veras?? Exclamó entusiasmado sin dejar de mirarme los senos...


-Prometido! Le dije entre risas. Si eres un puen papito, te daré tetita.


-Ummmm... exclamó goloso mi padre y acercándose me dio un besito muy tierno y cálido en cada pezoncito que asomaba a través de mi corpiño...

Yo, divertida (y excitada), le dije:


Eh, que todavía no tengo leche!!


A lo que mi padre me respondió:


Bueno, está bien, me esperaré como un papito bueno a que estas tetitas estén en su punto pero has de saber, te lo digo cientificamente, que los pezones hay que prepararlos antes de amamantar, no te lo ha dicho tu médico?

Nos reimos y la conversación se quedó ahí pero yo, por ver si mi padre decía la verdad y puesto que yo era primeriza y no estaba muy puesta en estos asuntos, le consulté a mi tocólogo que me reafirmó lo que me había dicho mi padre, que los pezones había que "endurecerlos" y que había varios metodos consistentes en frotar con una toalla por ejemplo y también, por supuesto, succionándolos y sobándolos. Cuando llegué a casa, le conté lo que me había dicho el médico y se echó a reir de mi incredulidad.


-Ves tontita? Se diría que tienes quince años... Anda ven aquí, desconfiada...


Me atrajo hasta sí sentandome en sus rodillas... Mi barriga era ya un poco mas prominente aunque yo todavía estaba ágil. Papá, levantándome la blusa y bajándome un poco los pantalones, dejó toda mi panza al aire y empezó a chuparmela como siempre, diciéndome:


-A ver como está esa barriguita? Y llevando una mano hacia mis pechos, empezó a acariciar mis pezones, ya erectos, por encima de la tela.


-Vamos a preparar estas tetitas para que puedan amamantar bien.. sí?


Mi padre me desabrochó la blusa y me bajó en sujetador. Mis tetas aparecieron, hinchadas, nerviosas, desafiantes delante de los ojos de mi padre. Yo me sentía orgullosa de mis tetas y aunque sentí vergÌenza de estar así delante de él, la excitación era tal que mis pezones estaban empinados a mas no poder. Mi corazón latía a toda velocidad al sentir la mano de mi padre recorriéndome un pecho, luego el otro... Me estaba excitando y no quería que se notara!!! En eso mi padre me dijo:


-Vamos a preparar este pezoncito, sí, cariño?


Y mientras con una mano me sobaba una teta, acercó su boca a la otra y dejando ver una lengua salidita, me lamió primero el pezón y luego me lo mamó mientras mientras murmuraba:


-Mmmmm que tetitas se te han puesto hija....


Mientras decía esto, no dejaba de sobarmelas y de mamarme los pezones primero con mucha lengua, excitándomelos despacio, luego mamandome como un loco, gimiendo como un gato en celo... Al cabo, yo tambien empezé a murmurar y a gemir debilmente, no dejando ver totalmente la calentura que se estaba apoderando de mi entrepierna... y de la de mi padre, porque yo estaba sentada encima de su polla, que me estaba quemando en el culo...

Así pasamos un buen rato, mi padre venga a sobarme y a chuparme, con una lenguita que nunca ningun hombre igualó en lascivia... Era una situación un poco vergonzosa: un padre salido toqueteando y chupandole las tetas a su hija preñada mientras le restriega la polla bajo el pantalon, y una hija preñada y no menos salida, orgullosa de mostrarle las tetas a su padre y excitándose a mil con la lengua que su padre le da.

Mi padre estaba a reventar, me devoraba las tetas y gemía mientras se frotaba cada vez mas rápido con mi culo diciendome:


-Sarita, me quiero correr en tus tu bombachita con mi boca...


Entonces se sacó la ardiente pija (Que era mucho mas grande que la mi ex esposo y la acomodó entre mi bombacha y mi culo. Yo, al sentir el contacto con el pija de mi padre entre mis labios que estaban hinchados por el embarazo y la excitación, empecé a moverme y a restregarme el culo con su pija en un vaiven cada vez mas descarado y obsceno mientras mi padre acompañaba el ritmo con un movimiento en mis tetas que me hacía soltar alaridos de gusto.


-Síi, hija... que cuerpazo tienes... ummmm... sigue... sigue.... ummm como te mueves.... sigue amor....


Yo, incredula todavía de las palabras que nos decíamos, de la calentura que se había apoderado de nosotros y del gusto que estabamos sintiendo ambos al rozarnos tan intimamente, me abandoné al placer. Y cuando me di cuenta, tenía el rabo de mi padre clavado dentro... Me sentí una hembra como nunca me había sentido, preñada y follada por mi padre... Estaba en el paraiso...


A partir de ese día, mi padre siguió mi embarazo de mucho mas cerca. Por supuesto me preparó los pezones de maravilla y pude amamantar a mi hijo y a mi padre. Vivimos unos meses de plenitud. El embarazo nos hizo desearnos perdidamente y el resto lo vivimos intensamente. Mi padre no se cansaba de cogerme, ni yo de que me cogiera. Estuvimos los dos hasta el parto permanentemente salidos. Pero esta calentura no se aplacó despues del parto. Dos días despues, me subió la leché, tenía los pechos muy congestionados y había que sacarla manualmente. Mi padre me dijo que los pechos debían colgar hacia abajo para poder extraer mejor la leche de ellos, nos lo dijo la enfermera cuando todavía estabamos en el hospital. Así que me puse acuatro patas encima de la cama, mis enormes pechos quedaron colgando, me dolian mucho de la presion de la leche. Mi padre me dijo:


-Así, mi vida, muy bien, voy a ordeñarte con cuidado.


Mi padre me saboreo las dulces tetas, me las palpó bien mientras decía:


-Ummmm... Sarita, que tetas... ahora si que se te pusieron ricas, eh?...


-Sí, pero me duelen mucho... Aliviamelas, papá!!


Mi padre empezó a sacar leche de mis tetas y yo me sentí cada vez mas aliviada y excitada, sobre todo cuando observé que mientras me ordeñaba y me mataba de gusto con sus manoseos, con la otra mano papá se había sacado la pija y se estaba haciendo una paja monumental, hasta que se corrió y juntamos su leche con la mía. Así convinimos que cada vez que yo le diera de mamar a él, el me daría de mamar a mí y que hasta que pudieramos volver a follar, nos ibamos a ordeñar y a mamar mutuamente. Y así lo hicimos.

Después de esta maravillosa experiencia de amor y lujuria que nos proporcionó mi embarazo,..¿ cuanto creeis que tardó mi padre en decirme que deseaba verme preñada otra vez, que anhelaba poder gozar de mi cuerpo de hembra? El día que me lo dijo, estábamos en la cama, acabábamos de echar un polvazo de los que mi padre me echaba diariamente. Pero el deseo que mi padre me acababa de confesar de verme otra vez embarazada, me excitó como nunca lo había estado hasta entonces. Mi padre no tardó en empalmar nuevamente. Levanté ese día mas mis piernas, abrí bien mi rajita y le dije: papá, préñame! Mientras empujé cogiéndome a sus nalgas para que su polla me entrara hasta el fondo.... .Así lo hicimos muchas veces, mi padre descargando su leche muy dentro de mi vagina y yo cerrandola despues de que me la hubiera echado, contrayendo los músculos, para que el semen de mi padre se quedara mucho tiempo dentro y así tener mas posiblilidades de quedar embarazada. Al fin, el momento tan deseado llegó y la prueba del embarazo dio positivo. Mi padre no estaba en casa cuando volvi de hacerme la prueba. Mientras lo esperaba, tomé un baño y me acaricié pensando en que pronto tendría otra vez las formas que volvieron loco a mí padre. Mientras me miraba, tuve la idea de afeitarme el culito y darle la sorpresa cuando volviera. Ya así lo hice. Me rasuré hasta el último pelito del culo, y me dejé los labios lisos, se me veían muy rosados y carnosos. Me excité mucho mirandomelo peladito y suave y me tuve que hacer una suave pajita mientras esperaba a papá, de caliente que me puse. Cuando llegó, yo me había puesto una bata sin nada debajo y estaba sentada en un sillon del sofá, hacía como que leía pero la excitación no me dejaba. Mi padre se acercó, me besó en los labios como siempre mientras me metia una mano por la bata hasta alcanzar bien una de mis tetitas. Yo le aparté la mano y le dije:


-Siéntate, tengo que contarte algo. Mi padre se sentó en el sofá, en frente de mí y me dijo:


-A ver, ¿ que tienes que contarme amor? Soy todo oidos.


-Yo desabroché mi bata y dejé primero mis pechos al descubierto, a lo que mi padre lanzó un grito mientras me decía:


-Hija, cada día tienes las tetas mas ricas, sin quitarles ojo.


Yo seguí abriéndome la bata y cuando la hube abierto por completo, puse una pierna encima de uno de los brazos del sillón y la otra en el otro, quedando mi rajita totalmente abierta ante los ojos de mi padre, que no sabía qué hacer cuando le dije


-Estoy embarazada...


Mi padre se volvió como loco, me chupó la rayita del culo con ansia, lanzando gemidos y murmurándome cosas tiernamente obscenas que me hacían estallar de placer. Me gustaba mirar su lengua, lamiendo y lamiendo mi culo mientras se agarraba la pija con la mano. Luego se la chupé yo. Tenía una polla durísima y bien gorda. Perdí el conocimiento chupando y chupando. La polla de papá me emborrachaba. Antes de correrse paró y me dijo que quería hacerlo dentro de mí. Me la metió allí mismo, sentada con las piernas abiertas en el sillón despues de haberme hecho correr con su lengua y sus jadeos en mi rajita.


-Eres una hembra, hija, ninguna mujer me ha puesto el rabo como tú me lo pones... Me dijo entre gemidos y convulsiones, dándome embestidas cada vez mas rápidas con su verga que me llenaba entera...

Nos corrimos como locos. Me sentí plena nuevamente. Preñada de mi padre y con su enorme verga nuevamente dentro. Nunca pensé que se pudiera estar tan caliente y ser tan feliz con un hombre.

Termine enamorandome de mi padre y para cuando nacio mi hijo (Que era de mi ex esposo), decidimos hacerlo nuestro, es decir como si fuese hijo mio y de mi padre. Para esto nos habiamos mudado de la ciudad y ni bien terminara de criar a mi hijo , ya estaba pensando en tener otro hijo...pero con la esperma de padre. Los dos nos habiamos puesto de acuerdo en tener otro hijo que fuese producto de una relacion incestuosa , ya que nos amabamos con LOCURA

Tetas lactantes en la oficina.


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Habia conocido una chica muy bonita en la oficina, solo habia oido decir que ella había tenido amores con alguien de la empresa anteriormente, y no vi nada de eso ya que apenas hace dos años comencé a laborar en esta compañía. Era casada hace tres años y ya iba a dar a luz su primer hijo, antes de dos meses, y ya regresaría de su permiso post natal que duró meses.

Hace como 10 días regresó a sus labores y por supuesto como dio a luz se encuentra lactando. Un día después que vi un juego en la televisión, se me vino la idea a la mente de lo bueno que sería probar como era la lecha materna. Esta idea me llegó a la mente porque me estaba acordando de ella. Así que comencé en un plan: Después de tantos días de intentarlo, cierto día decidí echarle pichón al asunto. Como a las 4:00 p.m. de la tarde, me dirigía hacia su cubículo y le dije que deseaba hablar con ella personalmente. Ella me invitó ha un salóncito que quedaba al lado en donde acostumbraban a comerse su lunch y me preguntó:

-¿Qué es lo que tu quieres, Marcos?

Le dije a mi amiga y compañera de trabajo que me habían golpeado en un ojo el día anterior y que lo tenía demasiado rojo. Que mi abuela me había sugerido que me colocara unas gotas de leche materna.

-Yo no conozco a nadie mas que a usted -le dije. -¿Por favor, me podría hacer el favor?

Ella de repente se sorprendió al oir esto. Permaneció un rato en silencio, sin decir nada. Luego comencé a rogarle poniendo una cara de tristeza. Después de algunos minutos ella aceptó y le di una taza de vidrio con y le pedí que la llenara hasta la mitad. Con cierta sonrisa en su cara me dijo que esperara afuera. Unos minutos pasaron y regresó con la taza llena en una de sus manos. Yo estaba muy emocionado de ver aquello y el huevo ya lo tenía bien erecto y duro como riel de ferrocarril. Tan pronto como me entregó la taza, le quité el papel aluminio que tenía arriba y bebí algunas gotas. Ella estaba sorprendida al ver esto y se enojó. Pero entonces le dije la verdad: perdoname, compañera, es que tengo un problema de inmunidad y soy alergico a muchas cosas. Mis amigos me dijero que si tomaba leche de pecho durante una semana o mas, mi inmunidad mejoraría. Así que le mentía a esta mujer.

Pensé que se enojaría al oir esto pero mas bien puso una cara sin ninguna expresión, me gané su confianza y de nuevo le pregunté si podía darme la leche durante una semana urgentemente, desde ya mismo.

-¡Por favor, démela!!

Ella entonces me sonrió lo que significaba que había aceptado. Yo estaba bien contento pero no lo demostré frente a ella. De repente me preguntó si quería probar leche la leche ya mismo. No me dio tiempo de contester porque entró al baño y la seguí sin decir nada, tranquilamente: ¡Qué momento tan delicioso!! ¡Ay, papi, mi leche!!

Intenté controlar mis nerviosimos tan pronto como ella entró y comenzó a desabotonarse los ultimos tres botones del la blusa y pude ver su blanco brasiere que cubría sus tetas que producían tanta leche. Ella entonces se levantó el brasiere desde abajo y me mostró su teta izquierda. Me sonrió y me dijo que me acercara y tomara la que quisiera. Me acerqué y la sostenía por la espalda y cintura y comenzé a mamar parado frente a ella. Yo mamaba como bebé. Su leche no tenía sabor a nada mientras yo le sostenía la teta agarrada con la boca. Mientras chupaba, y acariciaba el pezón con mi lengua.

Ella me dijo que terminara rápido porque su esposo la recogería a las cinco en punto para llevarla a casa. Con mi mano izquierda le comencé a masajear su teta derecha. Ella no lo impidió. Luego me dijo que me cambiara al otro seno y yo mismo le levanté el brasiere derecho para ver ahora colgando dos tetas lecheras jugosas frente a mi. Yo estaba muy , contento como nadie. Disfruté cada momento.

Ahora su mano la tenía alrededor de mi cuello y sentí cuando me apretó la cabeza contra sus pechos lo que indicaba que a ella también le gustaba. Sentí que tenía el estómago lleno y su “saree”, cierto vestido que ellas usan, lo tenía levantado por encima de su cintura, dejando ver el ombligo. Decidí llegar mas lejo: comencé a besarla desde los senos hasta el ombligo y le mordía con toda lujuria. Ella abrió los ojos y en lugar de rechazarme, movía lentamente su cuerpo lo que confirmaba que ella si estaba disfrutando el momento sexual…con mi mano izquierda presionandole las tetas y con la derecha avanzando hacia su culo. Se lo apreté y comencé a darle masajes en aquellas bonitas nalgas. Ya yo estaba a punto de acabar y soltar todo el semen. De repente, ocurrió lo impensable: Ella no me dejó seguir y me dijo que era el momento salir porque su esposo tal vez estaba esperandola afuera. Me sentí algo frustrado pero yo estaba contento de que mi plan haya funcionado.

Ordeñando a mi tía.


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-Se ve que está muy rica mi lechita ¿verdad? -me dijo mi tía
cuando entré a la sala y ella se limpiaba la blusa, que el escurrimiento de la
leche de sus pechos le había manchado.


Ella lo dijo porque yo me quedé como enganchado a esa imagen,
ya que al mojarse con el escurrimiento de sus tetas, se transparentaban sus
pezones duritos y oscuros y yo no dejaba de mirarlos. Mi tía es de piel blanca y
siempre ha sido una mujer tetona, y ahora que había terminado su embarazo, las
tetas le habían crecido aún más y estaban que estallaban de tanta leche.


-Lo malo es que mi bebé no quiere tomársela y si no lo hace,
me comenzarán a doler mucho los pechos.


Mirándola y escuchándola, mi verga se puso muy dura y ella lo
notó y no dijo nada, sólo sonrió de una manera algo lujuriosa, al darse cuenta
de que tenía el palo totalmente duro bajo el pantalón.


-Ojalá se la tome –comenté y le dije a la hermana de mi padre
que iba a mi cuarto.


Me fui de la sala no porque no quisiera seguir mirando sus
dos montes de leche, sino porque no podía aguantar las ganas de pajearme y
chorrearme, pensando en las chichis de mi tía. Me saqué la verga que ya estaba
totalmente húmeda y me vine, pensando que le mamaba las tetas a mi tía. El
resultado fue una corrida tremenda y llené con mi chorro la sábana de mi cama.


La fantasía de tocarle las tetas a mi tía, es algo que ya
tenía desde tiempo atrás. Cuando sucedió esto que les estoy contando, yo tenía
trece años y ella 25, pero desde que yo tenía once años, no perdía oportunidad
de espiarla para mirar esas tetas gordas y jugosas. Recuerdo que una vez me
acerqué a su cuarto y ella había acabado de bañarse. Como no había nadie en la
casa, ella no cerró bien su puerta y no se dio cuenta que yo regresé de la
escuela. Traía sólo las bragas puestas y sus chiches estaban al aire. Se agachó
hacia delante para sacudirse el cabello y mientras se secaba, por el movimiento
de pasar la toalla por su cabeza, sus tetotas se balanceaban y yo quise entonces
tener el valor para acercarme a ella y sentir entre mis manos esos dos pechos
inmensos para apretarlos y después mamarlos. Ya se imaginarán que también esa
vez me corrí después de espiar y descubrir esos sabrosos melones.


Después de eso todo era espiar a mi tía, o mirar de reojo
cuando ella traía blusas escotadas y se agachaba cerca de mí. Me encantaba
mirarle el canal entre sus tetas y pensar que ponía ahí mi pito y que ella lo
apretaba, hasta sacarme toda mi leche.


Durante todo el embarazo ella estuvo sola, pues su novio no
quería hacerse cargo del bebé y mi tía decidió que no quería tener nada que ver
con un tipo que no podía ni siquiera hacerse cargo de él mismo.


Al día siguiente de que mi tía Leonor me dijera lo de su
leche, regresé de la secundaria y ella estaba otra vez en la sala.


-Mira Marcos, otra vez estoy chorreando- me dijo, mientras
con la palma de su mano derecha levantaba su pecho izquierdo desde abajo y me lo
mostraba.


Esta vez llevaba una bata y me di cuenta que no traía sostén
ni nada más. Yo ya no pude contenerme más y me acerqué a ella y le estruje el
pecho que ella me ofrecía. Vi cómo se estremecía de placer, pues cerró los ojos
y sus pezones se pusieron todavía más hinchados de lo que ya estaban.


-Anda mi amor, ordeña a la puta de tu tía. Chúpame toda la
leche. La tengo toda para ti.


No tuvo que pedirlo dos veces, porque yo ya estaba frente a
sus pechos y mi boca se prensó de uno de sus pezones y chupaba sediento,
mientras mi lengua se llenaba con ese líquido caliente. Chupaba haciendo mucho
ruido y esos sonidos se mezclaban con sus jadeos y sus palabras entrecortadas.


-¡Ay, qué rico! Ordéñame así cabrón. Tómate toda mi lechita.
Huy me pones muy caliente. Mama Marquitos, mama. Muérdeme las chichis, déjamelas
moradas con tus chupetones. Soy una pinche vaca chichona y quiero que hagas con
mis tetas lo que tú quieras. Apriétamelas cabrón, apriétamelas así rico. Huy,
que puta me siento.


Después de mamarle ese primer pecho, ella me jaló de los
cabellos y llevó mi cara hacia la suya. Nuestras lenguas se enredaron y yo
compartí con ella el líquido que aún tenía en la boca. Los hilitos de su leche
escurrían por nuestros mentones mientras nos besábamos con mucha lujuria, sin
que yo dejara de apretarle las tetas. Yo sentía cómo chorritos de leche salían
disparados desde sus pezones, por la presión que yo hacía sobre ellas, al
estrujarlas. Chorritos que me tenían batidos los brazos y la playera de la
escuela.


Otra vez bajé mi cara hacia sus tetas, pero esta vez ella me
detuvo unos quince centímetros antes de comenzar a mamarlas y me dijo que se las
apretara. Yo lo hacía y la leche de las tetas gordas de mi tía me llenaba toda
la cara. Apretaba y le clavaba las uñas en esos pechos jugosos y cada vez era
mayor la cantidad que brotaba. Abría la boca para tragarme la mayor cantidad,
pues no quería perder nada. Ella gritaba por el placer de sentir cómo yo le
estrujaba muy violentamente sus chichis y le clavaba las uñas, ocupado como
estaba, en sentir esa piel suave entre mis manos.


-¡Qué rico le sacas la leche a tu puta tía! Así mi vida,
márcame las tetas, márcamelas mucho para que me excite cada vez que me mire al
espejo y vea cómo me las dejas. Así; soy tu perra en celo. Soy tu madre y te doy
la teta. ¿Quieres chichi mi niño? ¿quieres estas tetotas que siempre vas a
mamar? Cuélgate de estos pezones. Dime que soy una vaca tetona. Dime que soy una
perra. Dime qué soy.


-Eres una puta tía. Eres una caliente y me gusta ordeñarte
así de fuerte.


-Dime más mi amor,- decía ella mientras estaba a punto de
correrse.


-Me gusta que seas mi tía, mi madre mi mujer; me calienta
mirarte las tetas y mamártelas y voy a sacarte siempre toda la leche para que te
corras como la puta golosa que eres.


-Tú eres un niño goloso también ¿Te gusta la lechita de tu
tía?


-Sí tía, me encanta, estás muy rica.


-Así papito aprieta; lastímamelas, que ya después me las vas
a curar con tus lamidas.


Mientras yo seguía apretándole sus chichis, ella se acomodó
para sacar mi palo del pantalón y antes de llevar su mano derecha hacia mi pito,
la puso delante de uno de sus pechos y uno de sus chorros se la llenó de leche y
supe lo que iba hacer. Mojada como tenía la mano, la llevó hasta mi verga y yo
ya no podía contenerme. Comenzó a hacerme la paja con su mano mojada por su
leche y tanto ella como yo, ya no pudimos más. Nos venimos y un tremendo
estremecimiento recorrió nuestros cuerpos. Quedé recostado con la cara entre sus
tetas y ella me acariciaba el cabello y me besaba. Retiré un poco mi cara para
mirar sus chichis y noté que estaban amoratadas y hasta un poco sangraban.


-Niño malo. Ahora tienes que curarlas.


Me acerqué y con la lengua empecé a lamer esas globos y ella
comenzó a gemir otra vez.


-Vamos a apurarnos porque ya no tarda en llegar tu mamá.-me
dijo.


Y yo seguí lamiendo y ordeñando esos montes de leche no sólo
ese día, sino durante mucho tiempo más.

Una Cena de Viejos Amigos


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Andres me había insistido que de ninguna manera buscara hotel en Barcelona cuando tuviera que ir por cuestiones de trabajo, se había casado, tenia una hija de pocos meses y una hermosa casa cerca del Borne. Nos conocíamos desde hacia diez años, estuvimos trabajando en la misma empresa una temporada y siempre me pareció un buen tipo, abierto, jovial y trabajador. Solo una cosa siempre me había escamado, su interés por mi vida sexual, era de ese tipo de tíos que parece disfrutar mas oyendo y viendo que haciendo.

Tenia una semana para cerrar una serie de asuntos y allí estaba llamando al timbre de su casa.

Me abrió Andres efusivo, me dio un fuerte abrazo y me presento a su esposa Marta, mas joven que el, bajita y con unos hermosos ojos color miel. eran las 8 de la tarde, sentados en el salón me invito a una cerveza y con ella en la mano recorrí la casa mientras Andres me la mostraba, en su habitación había una cuna y Marta estaba sentada al borde de la cama dándole teta a su pequeña Julia, atisbe unos pechos pequeños pero hinchados por la lactancia, por educación deje las formalidades y los saludos para mas tarde. Deje la maleta en la habitación de invitados y me metí a darme una ducha mientras Andres y Marta cocinaban y cuchicheaban en la cocina.

La cena transcurrió como transcurren las cenas de viejos amigos cuando hace tiempo que no se ven, con Marta atenta y sonriente pero poco habladora y Andres ensalsandome ante su mujer, hablándole de algunas de mis aventuras que el conocía, tuve que hacer un ejercicio de modestia ante su esposa:

-Tu marido exagera¡ Como ves no soy Tarzan y mis atributos son mas bien normalitos

-Y cual es el truco? pregunto ella

-No hay ningún truco, al menos que yo sepa. todo es una mezcla de morbo, ternura y desenfreno, ofrezco complicidad

-Quizás eso sea lo que queremos muchas mujeres- me contesto y dicho esto se despidió-me vais a disculpar tengo que darle la cena a la niña y además estoy rendida.

Alrededor de una botella de whisky de malta Andres y yo proseguimos la charla, le iba bien, en el trabajo, en la vida y su mujer era maravillosa:

-Marta es muy sumisa-me dijo guiñándome el ojo- somos felices, solo falta LA GUINDA porque....

-Por que?

-Tu me conoces sabes que siempre me ha gustado que me cuenten cosas y verlas, no soy muy activo que se diga.....bueno la verdad es que yo también soy bastante sumiso

-Venga ya Andres¡

-Si es la verdad, sueño con verla en brazos de otro hombre pero una cosa tengo clara....paso de intercambios y de entrar en una vorágine que destroce mi matrimonio.....por eso pensé en ti

-Que has pensado en mi?

-Si, no te preocupes, ya he hablado con Marta, ella hará todo lo que a mi me complazca porque eso es lo que le complace a ella, cuando me anunciastes tu visita comenzamos a contar los minutos...tu eres un tio discreto, limpio y sobre todo buena gente...te conozco bien, se que jamás le harías daño a un amigo.

-Que quieres decir?

-Que quiero que folles con mi mujer, primero sin que yo este para que cojais confianza y luego conmigo delante, ya lo tenemos claro, mañana estaré toda la tarde fuera, es tu momento, además tienes toda la ventaja del mundo.

-Y eso?

-Porque sabes que ella aceptara todo lo que le propongas.

Me quede estupefacto pero intente disimularlo. Eran las dos de la mañana cuando me fui a la cama.

Desayunamos juntos, Marta sostenía la mirada cuando yo la miraba, en sus ojos había excitación, morbo, sumisión, ahora la miraba sin cortarme sabiendo que eso ponía bien caliente a mi amigo, era hermosa, pelo castaño tirando a rubio, no mas de 1.60, guapa, de piel clara y muy proporcionada, con unas sugerentes y pequeñas tetitas hinchadas por la lactancia, mi polla se revolvía dentro de mis pantalones mientras la miraba.

Despues de una serie de reuniones nos vimos en un restaurante para almorzar, bebimos buen vino y Andres se retiro de nuevo a su trabajo, Marta y yo nos fuimos en un taxi a su casa, puse mi mano extendida sobre su rodilla y ella me miro sonriente.

En la casa me vino una inspiración, estaba con una mujer maravillosa pero el proceso de seducción estaba de mas, era sumisa, ya estaba todo hablado, el tono debía de ser imperativo:

-Desnúdate- le solté a bocajarro en cuanto cerro la puerta

Agacho la cabeza y obediente comenzó a hacerlo, lentamente, sensual, se desabrocho la camisa, puse música:

-Hazlo al ritmo de la música¡

Su cuerpo se bamboleaba al ritmo de la música, desabrochándose lentamente el sujetador, dejándome ver sus dulces tetitas, pequeñitas con el pezón hinchado, no pude contenerme, mientras ella se quitaba los jeans mis labios se apropiaron de sus pezones que me obsequiaron con ese néctar glorioso que es la leche de madre, mi polla se puso a reventar nada mas saborear la primera gota mientras ella con los ojos cerrados moviendose al ritmo de la musica se quedaba con unas minusculas braguitas transparente como unica vestimenta.

Seguí chupando como un ávido nenito lactante mientras acariciaba su suave piel, me despoje de mis pantalones y mis slips dejando asomar mi polla dura y desafiante, deje de mamarle las tetas, no dije nada, basto una mirada para que Marta se arrodillara ante mi y comenzara a chuparmela como una chica traviesa chupa una piruleta, lamiéndome la punta, metiéndose la hasta la mitad en la boca y sacándosela mientras hace una suave succión, todo ello mirándome dulcemente a los ojos. Una mirada maravillosa que hablaba sola, que me decía soy tuya, te pertenezco, usame para tu placer porque eso es lo que me da placer, acaricie su melena mientras comenzaba suaves movimientos de cadera, follandole la boca, ella recibiendo mi polla, complaciente y sumisa, entre sus calidos labios, se la saque de la boca, tenia el capullo descubierto y brillante y comencé a darle pollazos en la cara mientras le ordene que se masturbara, sacaba la lengua y recorría mis huevos con ella mientras yo jugueteaba y rozaba la punta de mi capullo por sus labios, su cara y su frente.

Me sente en una silla y le ordene:

-Montame

Moviéndose sinuosamente como una dulce y tímida gatita, mirándome a los ojos, relamiendo sus labios con la lengua se puso sobre mi, situo mi polla entre los labios de su coño y descendiendo suavemente hasta que se la metió hasta las pelotas en su mojadisimo coño, comenzó el sube y baja, deslizando su coño en mi polla, hechizado por el suave y apretado tacto (a pesar de su reciente maternidad) de las paredes internas de su coño.

Le di una fuerte chupada en un pezón y sentí como la leche manaba de el inundando mi boca, Marta gimió y se clavo la polla hasta la raiz, fue inevitable, me corrí abruptamente, casi con dolor en su maravilloso coñito mientras ella me besaba y compartía su leche conmigo.

A veces me pasa y esta era una de esas veces, no pude controlar ni retener mi eyaculacion, apenas llevaba tres minutos con la polla clavada en su coñito pero su experta mamada previa, el morbo de follarme a la mujer de mi amigo con su consentimiento y el sabor de su exquisita leche fueron un explosivo cóctel superior a mis fuerzas, a mi poder de concentración.

Nos quedamos abrazados y unidos mientras mi polla disminuía de tamaño dentro de su coño donde sus jugos y mi leche se fundían.

Pidiendo mi aprobación con la mirada me descabalgo, se puso de nuevo de rodillas y comenzó a limpiar mi polla a lenguetazos, con mi corrida tan reciente el roce de su lengua ne la punta de mi capullo me dejaba próximo al desvanecimiento y me daba escalofríos.

Unos diez minutos estuvo Marta lamiendome el capullo, golpeandose los labios con mi polla y mirándome a los ojos (que cosa mas linda es que te miren a los ojos cuando te la están chupando) hasta que la inste a que se levantara, se sentara en el sofá, me tomara en brazos y me diera de mamar como a su bebe (creo que ese día la nenita se tuvo que merendar un biberón). Con los ojos cerrados mamando de sus tetitas, saboreando sus pezones hinchados mientras ella me acariciaba y como a su bebita, me musitaba, casi ronroneando:

-Mi niño, toma teta de mama. si chupamelas, tomate toda mi leche.

De nuevo sentir el dulce calor de la leche materna en mi boca y que mi polla se pusiera para estallar de dura fue todo uno. Marta se dio cuenta y comenzó a meneármela suavemente, subiendo y bajando la piel de mi polla al mismo suave ritmo que mis chupadas en sus pezones me alimentaban. Disfrutando de este sublime momento pase mas de media hora hasta que le ordene a Marta que se pusiera de rodillas en el sofa mirando a la pared y con el culito bien levantado, su hermoso coñito asomaba entre sus nalguitas brillantes por el flujo derramado, mi polla ya estaba entre sus labios y entrando en ella, comencé a follarla dulcemente primero, aumentando el ritmo del mete y saca despues, dejándosela enterrada en el coño hasta la raíz levantandola casi en peso mientras apretaba sus pechitos y podía ver como los chorritos de leche brotaban de sus tetas, nuevemente me corrí copiosamente y mucho antes de lo que hubiese querido, pero no había posibilidad de controlar el placer que follar a Marta y toda la situación que rodeaba a nuestra follada.

-Me vas a disculpar que no me lave, Andres esta al llegar y se que se pondra loco de contento si puede follarme sabiendo que tu semen aun esta dentro de mi.

Dicho esto nos vestimos y esperamos sentados viendo la tele y acariciandonos la llegada de mi amigo. Cuando llego la situación era alucinante Andres me miraba expectante, yo le respondía guiñándole el ojo como afirmación, todo eran miradas cómplices.

Cenamos pronto y Andres y Marta se disculparon y se retiraron pronto a su habitacion, me quede mirando la televisión, entre excitado e incomodo, me levante y pegue la oreja a la puerta cerrada, podia oir los murmullos de Marta, estaba contándole a mi amigo como me habia amamantado, chupado la polla y follado, en cuestion de minutos los quejidos y gemidos de placer eran audibles en toda la casa, estaba follando como locos, me puse una copa y me senté en el sofá a ver la tele.

Eran casi las doce de la noche y estaba a punto de irme a la cama cuando Andres entro en el salón, desnudo, sonriente y feliz, se acerco a mi y me dio un fuerte abrazo:

-Soy el mas feliz de los cornudos¡¡ nunca me había dado tanto gusto follar a Marta como me ha dado hoy sabiendo que tu leche todavía estaba en su coño, me he corrido dos veces, la segunda ha sido follando pero la primera ha sido mientras Marta me contaba todo lo que habeis hecho, por favor Carlos desnudate y ven conmigo a la habitación, quiero ser un cornudo dichoso, quiero ver como te follas a mi mujer por todos sus agujeritos delante mía.

Marta estaba tumbada en la cama con las piernas abiertas y con una morbosa sonrisa esbozada en su rostro, Andres me pidio que me sentara al borde de la cama, cogió mi pie con las manos y comenzo a lamerme los dedos como un perrito mientras Marta nos miraba y se masturbaba.

-Ya has visto como le he lamido los pies a nuestro amo y amigo, querida Marta, Carlos te va a follar se va a correr en tu coño y en tu culo y yo voy a ser el mas feliz fe los cornudos viendo como te lo hace

-Siiiiiiiii-balbuceo ella

Ver a Marta masturbandose y recordar el sabor de la leche que manaba de sus pechos me puso de nuevo en una situación de absoluta excitación...excitacion a la que acompañaba una polla bien dura y empalmada, Marta seguía ofreciéndome su coñito con las piernas abiertas, Andres expectante me alentaba:

-Follatela¡ folla a la putita de mi mujer y lleva a la gloria al cabrón de su marido¡

Situado entre sus piernas se la clave de nuevo, Marta levantaba su culito para recibir mi polla mientras yo chupaba y lamía sus tetitas alternativamente, alimentandome, Andres a nuestro lado se acariciaba la polla sin perder un detalle de la follada que le estaba dando a su mujercita.

-Abre bien el coño, follala, si¡ si¡ follala¡ si......soy un cornudo que se esta corriendo mientras follas a su mujer- efectivamente los chorros de semen brotaban de la polla de mi amigo.

-Ahora, por favor, quiero que le folles el culo¡¡ Carlos enculala¡ seras el primero que se corra en su culito, llevamos una semana practicando con un vibrador para que se le dilate el culo y le gusta, cada vez que se lo ha metido se ha corrido como una perra...verdad Marta?

-Si cabroncito mio¡¡ estoy loca por que me folle el culo y tu lo veas y me limpies con la lengua la leche de nuestro amo Carlos.

Desmonte a Marta y ella se puso a cuatro patas al borde de la cama, ofreciendome su culito virgen, yo de pie tras de ella enfile la polla en la entrada.

-Clavasela entera, sin contemplaciones, ya veras como se corre como una perra

-Cabron¡ cornudo¡ eres un cabron¡-decia ella esperando ansiosa que se la clavara hasta las pelotas.

Lo hice, empujando sin pausa pero sin violencia se la clave hasta la raíz, la polla de Andres estaba empalmada de nuevo y Marta gemía como una perra, efectivamente se estaba corriendo. Comencé a culearla, a encularla sin piedad, sacándole la polla casi entera para volver a enterrarsela en las entrañas mientras Andres me alentaba.

-Encula a mi putita, dale duro¡ hazme mas cabron¡¡ soy cornudo¡ un cornudo hijo de puta que se corre viendo como enculan a su mujer¡

-Si¡ si follame follame¡¡

Estaba listo para correrme otra vez cuando senti los dedos de Andres abriendo mis nalgas y su lengua lamiendo mi culo, fue automatico, solté una andanada de leche caliente en el culito estrecho y angosto de Marta, la vista se me nublo, mareado de placer y morbo con la polla bien metida en su culito me deje caer sobre ella mientras Andres ansioso seguía lamiendome el culo, justo cuando le saque la polla Marta volvió a ponerse a cuatro patas y la lengua de mi amigo paso de mi culo al culo de su esposa bebiendo ansioso mi leche en el receptáculo trasero de Marta mientras que los labios y la lengua de esta se apropiaban de mi polla y limpiaba los restos de leche. Andres solicito mi aprobación con la mirada y acto seguido imito a su esposa, los dos me lamían los restos de semen de la polla y se besaban como locos, la leche estaba brotando de nuevo de la polla de mi amigo.

Mi semana de trabajo en Barcelona acabaron siendo dos semanas, con Andres y marta a mi absoluta disposición en una de las situaciones mas maravillosas y excitantes que he vivido nunca, por solicitud de ellos cuando estábamos en casa siempre estábamos desnudos, nuestros nombres cambiaron, cuando me dirigía a Marta siempre lo hacia llamándole puta o zorra y cuando lo hacia a su marido, cabron y cornudo, ellos me llamaban amo o Don Carlos.

A veces decidía follarme a la puta sin la presencia del cabron que esperaba pajeandose en el salón, cuando me corría en su boca, su culo o su coñito requería la presencia del cabron que se bebía mi leche en cualquiera de estos receptáculos, corriéndose vivo mientras lo hacia y la puta le contaba como la había follado.

Volví a casa con unos cuantos kilos de mas....la leche materna es muy nutritiva.

Sueños de un lactante.


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Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de tantos días seguidos de asueto. Eran unas merecidas y anticipadas vacaciones. Unas semanas atrás, en un chequeo rutinario, el médico de la mutua me detectó la tensión tan alta y un nivel de estrés tal que me dijo que si no le prometía tomarme unos días de descanso, él mismo me daría la baja laboral. Y la verdad es que el doctor tenía razón, hace demasiado tiempo que siento que voy como montado en un tren que nunca para, y ya ni siquiera recuerdo cuál fue la última estación.

En esas dos semanas de descanso, decidí recuperar alguna de mis viejas aficiones perdidas. Comprar en el mercado, preparar yo mismo la comida, escuchar música relajadamente, leer una buena novela, pasear por el parque… Creo que desde que mi hijo Julián cumplió los 9 años – y ahora ya tiene 25 – no había vuelto a venir al parque de al lado de casa.

Así es que en el primer día de mi nueva vida, salí de casa con una novela que me mi esposa me había regalado en alguno de los días del libro de los últimos años – Los crímenes de Oxford – y anduve un rato por el parque. Recorrí los angostos senderos de la zona más boscosa hasta que el cansancio me hizo sentar en un banco junto a una fuente y el parque infantil y me puse a leer.

Era horario escolar y por el parque tan sólo deambulaban ancianos jubilados y alguna mamá con su pequeño caminando con torpeza agarrado a su mano o en el carrito. Era una hora calurosa pero agradablemente tranquila.

Estaba sumergiéndome en la lectura del libro cuando pasó junto a mí una chica empujando un carrito de bebé que me saludó. Levanté la vista de las páginas y le devolví el saludo. Era una muchacha muy joven, debería tener unos 18 años, y su apariencia era muy atractiva. Pensé que debería ser la canguro del bebé. Se sentó en el banco de al lado y yo volví a mi lectura.

Al cabo de un rato, el llanto del pequeño me sacó de las páginas del libro y me hizo dirigir la mirada hacia el banco vecino. El niño había dejó de llorar. La jovencita le había puesto su blanco y generoso pecho en la boca y el bebé se saciaba en la gloria de aquel sugestivo pezón de mujer. Confieso que aquella imagen me cautivó. Nunca me hubiera imaginado que aquella chica tan joven pudiera ser mamá y además, no parecía que su cuerpo hubiera albergado un reciente embarazo.

La muchacha me sorprendió mirando cómo daba de mamar a su bebé y creo que me ruboricé. Le pedí casi instintivamente disculpas por mi indiscreción y ella, que no mostró ningún signo de desaprobación, me dijo muy amablemente que sentía haberme incomodado.

No me incomoda. No. – Le contesté apresuradamente – Soy yo quien debería disculparse por haberla estado mirando. Lo que ocurre es que…, me ha sorprendido. No sé por qué, pensé que era la canguro de la criatura, no la mamá. ¡Es usted tan joven!

Gracias. Tengo 19. Supongo que comparado con lo que se estila ahora de tener los hijos a partir de los 30, sí, soy una mamá muy joven. – Y añadió, volviendo al motivo de la conversación.- ¿De verdad que no le molesta que le dé de mamar aquí?

No, de verdad. En absoluto. – Aquella situación me había puesto en evidencia, y muy nervioso. No sabía qué decir. - Es algo muy natural. Y además… no creo que a su pequeño le guste la idea de dejarlo ahora. ¿Qué es, niño o niña?

Es un niño. Se llama Alejandro, como su padre, y tiene un mes y tres semanas.

Yo esbocé una sonrisa de aprobación y volví, tal vez descortésmente, a mi libro. Aunque lo cierto es que ya no pude concentrarme. La mirada se me iba hacia el banco derecho, hacia el seno descubierto de aquella preciosa joven. Y para evitar la vergüenza de ser sorprendido de nuevo embelesado en la contemplación de una escena tan sugerente me levanté del asiento, me despedí de la muchacha con un lacónico adiós y me volví a casa.

Desde ese momento, no pude evitar contar las horas hasta que llegara la nueva mañana. Deseaba fervientemente reencontrarme con aquella bella muchacha y con su pecho desnudo acaparado por el insolidario lactante.

A la mañana siguiente no perdí el tiempo paseando por los caminos del parque, directamente me dirigí al mi banco con la esperanza de aquella madona renacentista hiciera acto de presencia. No podía concentrarme en la novela, miraba el reloj y a todos los rincones del parque para ver si aparecía y cuando ya desesperaba de verla, apareció tirando del carrito, viniendo hacia mi lado. Me regaló la sonrisa más hermosa que había visto jamás, nos saludamos educadamente y se sentó otra vez en el banco de al lado.

Hice como si leyera la novela que llevaba entre las manos. Pasaba las páginas para que ella no se percatara que fingía. Y, de tanto en tanto, no me resistía a mirar de soslayo hacia mi derecha, esperando el ansiado momento. Pero no sucedía. Y me maldije por mi indiscreción del día anterior. Estaba convencido que mi actitud coartaba a la muchacha. Miré el reloj, pasaban diez minutos de las 11, y calculé que la toma del bebé ayer había sido a las 11 en punto. Si al menos el mocoso rompiera a llorar – pensé -. Pero no hizo falta, dirigiéndose a mí, como si supiera el interés que había despertado aquella función materna en mí, me anunció que ya era la hora de la toma de su Alejandro, al tiempo que se desabrochaba la camisa y levantaba la cubierta del sujetador del pecho izquierdo. Yo volví a hacer aquel gesto vacío de aprobación – como si ella necesitara de mi aprobación -, pero a diferencia del día anterior, me quedé mirando cómo el pequeño pugnaba nervioso con el enorme y rosado pezón hasta que consiguió engancharse y empezar a succionarlo con tanto placer que en su cara se dibujaba una inocente sonrisa de satisfacción. También la cara de la madre aparecía como iluminada por el placer de dar su propia leche a su hijo.

Me sentía algo estúpido allí, mirando embelesado cómo lactaba aquel egoísta bebé. Pero no me importaba. No creía que fuera un despreciable por valerme de mi edad, de mi condición de padre – algún día no lejano de abuelo – para otorgarme a mí mismo el derecho de mirar sin recato, como un médico a una paciente. Y a ella no parecía importarle. Al contrario, al comprobar que desde que empezó a amamantar al niño yo no había dejado de mirarlos, empezó a hacer comentarios sobre la alimentación de su hijo, cuánto había pesado al nacer, cuántas tomas hacía al día, y un sinfín de detalles a los que yo prestaba la misma atención que hubiera prestado la abuela de la criatura u otra mujer en estado, ansiosa de información.

Aproximadamente a los cinco minutos cambió de pecho y yo me perdí la visión directa de su nutritiva teta, pero aún así, no dejé de mirar y de conversar con mi joven amiga.

Unos minutos después de que ella acabara de amamantar a su bebé, lo colocó dentro del carrito, se levantó del asiento y se despidió de mí, con un neutro y coloquial “hasta mañana” que yo quise interpretar como una invitación a volverla a ver.

Sin duda estaba excitado. MI tensión estaba disparada. Me reí al pensar qué diría mi médico si supiera el estrés que me estaba produciendo aquel período de descanso.

Por la noche, cuando mi mujer y yo nos acostamos, le tomé los pechos y empecé a acariciarlos con suavidad, haciendo que se erizaran los pezones hasta ponerse duros como piedras. Laura, mi esposa, se dejó hacer, complacida. A su edad, 45 años, aún tenía los pechos muy bien cuidados, grandes y firmes. Le levanté la camiseta y cuando tuve las dos tetas desnudas a mi alcance me dediqué a chuparle los pezones y a meterme sus pechos en todo lo que me cabía en la boca para satisfacción de Laura, que no daba crédito a mi espontánea pasión por sus tetas.

Me esforcé tanto en excitar y excitarme mamando las tetas de mi mujer que con unas mínimas caricias en su mojada rajita, conseguí que tuviera un orgasmo. Yo hice lo propio, encima de la barriguita de mi señora, merced a los frotamientos de mi pene contra su cuerpo.

Cuando acabamos, temí que Laura me preguntara qué me había pasado por la mente para actuar de aquella forma, pero no lo hizo. Después de lavarse, se metió en la cama, me dio un casto beso de buenas noches en los labios, y se dio la vuelta para dormir de espaldas a mí. Yo también me dormí, pero soñando con las tetas de mi joven amiga.

Al día siguiente, cuando regresaba del banco de hacer unas gestiones, a primera hora de la mañana, me vi sorprendido por la presencia de la muchacha en la entrada de mi edificio. Iba cargada con el carrito del bebé y con unas bolsas de la compra.

¡Hola, buenos días! – Exclamé yo sorprendido y visiblemente contento por aquella coincidencia.

¡Buenos días! – Contestó ella con naturalidad, sin mostrar sorpresa alguna.

¿Vives aquí? – Pregunté, a la vez que abría la puerta con mis llaves y la ayudaba con las bolsas de la compra.

¡Claro! Pensaba que lo sabía. Hace casi un año que mi marido y yo vivimos aquí. Desde que nos casamos.

Perdona, no lo sabía. La verdad es que los últimos años a penas si paro en casa. – Y pregunté - ¿En qué piso vives?

En la planta baja, tercera puerta.

Por eso no hemos coincidido en el ascensor. – Argumenté, intentando recordar si la había visto antes.

Ella sonrió forzadamente - ¿quizás algo decepcionada por no haberme fijado antes en ella? pensé -. Pero ahora lo prioritario era ayudarla con las bolsas y el carrito. Me dirigí hasta la puerta de su piso y esperé a que ella la abriera y entrara el carrito. Yo me quedé a la entrada, con las bolsas en la mano hasta que ella me llamó en voz alta desde la cocina, pidiéndome que entrara. Obedecí y cerré la puerta detrás de mí.

Eran casi las nueve, el pequeño Alejandro empezó a llorar y la madre se disculpó informándome que se había retrasado en la toma de las ocho y media y que si me esperaba unos minutos, estaría encantada de ofrecerme un café.

Lo correcto, probablemente, hubiera sido excusarme y dejar que la madre amamantara a su criatura en la intimidad de su hogar, pero la sola idea de contemplarla de nuevo, con los senos desnudos, dando de mamar al pequeño, y en su propia casa, se me antojó un regalo de los dioses imposible de rechazar. Así es que le dije que no tuviera prisa, que me encantaría tomar ese café y que no me vendría mal hacer algo de relaciones con la vecindad.

Por cierto… ¿Cómo te llamas? – Le pregunté mientras la seguía hasta la sala de estar, donde tomó asiento en el sofá.

La mayoría de la gente que escucha por primera vez mi nombre se extraña mucho. Me preguntan si soy árabe o sudamericana. A ver qué opinas tú: me llamo Zenobia.

Yo me había sentado en un sillón, frente a ella, con la intención de no perderme detalle de su sesión de lactancia. Después de dos veces, y alejados de las miradas de otras personas, no tuve conflicto interno alguno a la hora de admirarla. “Zenobia” me pareció un nombre bellísimo para una mujer bellísima.

Zenobia… Me gusta es un nombre muy bonito. ¿Sabes quién fue Zenobia? – Le pregunté con la intención de impresionarla, si eso era posible, con mi cultura.

Una santa no. No he encontrado el nombre en el santoral. Precisamente mis padres querían un nombre que no fuera católico. No son nada creyentes.

Yo tampoco. Zenobia fue una reina de Palmira, en el siglo III. Palmira, bueno, sus ruinas, están en Siria y es un sitio muy turístico. El otro lugar importante de aquel reino era Petra, ¿te suena más Petra?

Sí, me suena de algún catálogo de viajes. – Y se esforzó en pensar de qué le sonaba ese nombre y preguntó, como pidiéndome pistas - ¿Está en Egipto?

No, en Jordania. Sale en la primera película de Indiana Jones. La ciudad excava en las rocas.

Sí, sí, ya sé cuál es.

Mi mujer y yo fuimos de viaje a Petra y Palmira para celebrar nuestras bodas de plata. – No quería hablar de mi matrimonio pero me salió la frase sin querer.

¡25 años! – Exclamó Zenobia.

Veintisiete: Fue hace dos años.

¡Qué bonito, no, estar juntos tanto tiempo!

Tiene sus cosas buenas y también sus inconvenientes. Como todo en la vida.

Sí supongo. Ya te lo diré si Alejandro y yo llegamos a celebrar unas bodas de plata.

Zenobia me estaba tuteando por primera vez. Mientras conversábamos, se había cambiado al bebé de pecho con naturalidad. Al pequeño no parecía molestarle.

No te he dicho como me llamo yo. Mi nombre es más vulgar: Jorge.

Ya lo sé. Lo había mirado en el buzón.

¡Vaya! – Exclamé, gratamente sorprendido por las molestias que se había tomado la joven en saber quién era yo.

Sobre el sofá había un retrato de Zenobia dibujado al carboncillo. Era una de esas fotografías tratadas por ordenador. Estaba preciosa. Me sorprendió mirándola y me dijo:

Dicen que en ese retrato me parezco mucho a Shannon Elizabeth. – Supongo que la expresión de mi cara delataba que no sabía a quién se refería.- Es la protagonista de American Pie.

No sé si la habré visto.

Pues han hecho tres partes ya. Y en las tres sale ella.

¡Tendré que verla! - Y ella se sonrojó al darse cuenta de lo intrascendente del tema.

El bebé había soltado el pezón de la teta derecha y la madre se esforzaba por volvérselo a meter en la boca, sin éxito.

No quiere más. – Dijo dirigiéndose a mí.- Por la noche ya he empezado a darle biberón para que aguante más horas dormido y ya empieza a preferir el biberón a mi leche. – Y hablándole al pequeño, exclamó.- ¿Ya no te gusta la lechecita de mamá?

Sé que es una indecencia pensarlo siquiera, pero hubiera querido decirle que si su bebé no quería más que yo me la acabaría. Deseaba mamar aquellas increíbles y hermosas tetas.

Zenobia decidió acabar de amamantar a su pequeño y se lo puso al hombro para favorecer que eructara .Cuando lo hizo, lo dejó sobre un canastillo que había junto al sofá, plácidamente dormido. Se levantó y fue hasta la cocina para preparar el café. Al momento salió y se excusó diciendo que iba a cambiarse, señalándome hacia el hombro derecho que había quedado manchado por el bebé.

Se metió en el lavabo y cuando salió, se había quitado la camisa - y deduje que el sujetador - y se había puesto una camiseta ancha y larga. Entró de nuevo en la cocina y salió con una bandeja con la cafetera, dos tazas, el jarrito de la leche y el azúcar. Con aquella camiseta, sus senos liberados del sostén destacaban maravillosamente y sus pezones, recién ordeñados, despuntaban orgullosos. Mientras me recreaba inconscientemente en la sugerente visión de sus cántaros de leche, Zenobia echó el café en las dos tazas y me preguntó:

¿Leche? – La pregunta estalló en mi mente como un castillo de fuegos artificiales.

No. Café sólo, gracias. - Hubiese querido decirle que sí, que quería leche: su leche.

Mientras tomábamos el café, ella volvió a sorprenderme con una anécdota relacionada con la primera vez que nos vio, a mí y a mi mujer, saliendo del edificio.

Sabes que por tu culpa, tuve a mi marido muerto de celos durante varios días.

¿Por mi culpa? – Pregunté ansioso de conocer la respuesta.

Sí. Llevábamos poco tiempo viviendo aquí. Al veros salir, cogido de la mano con tu esposa, yo le hice un comentario a mi marido… Espero que no te moleste lo que voy a decir.- Y continuó.-…sobre lo elegante y atractivo que me parecías.

¿Me viste de lejos, no? – Bromeé.

¡No hombre no, que te vi de cerca!

¡Gracias! Me halaga. – Yo estaba exultante, impaciente por conocer el desenlace de aquel momento.

Durante unos instantes se hizo un silencio especial. Creo que los dos nos encontrábamos a gusto, juntos, aunque ninguno dijera ninguna palabra. Zenobia rompió el silencio:

¿Puedo preguntarte una cosa?

Claro. Después del piropo que me has echado puedes preguntarme lo que quieras.

¿Tienes hijos, no?

Sí. Julián, tiene 25 años. Lleva dos viviendo en Alemania.

¿Tu mujer le dio el pecho a tu hijo?

Ha llovido mucho desde entonces, pero no, no pudo. ¿Por qué lo preguntas? – estaba intrigado y agradecido por el derrotero que estaba tomando la conversación.

Es que a Alejandro, mi marido, se incomoda cuando le doy de mamar al niño.

Tú misma has dicho que es un hombre celoso… Bueno, otro, aunque sea aún un mocoso está disfrutando de uno de los placeres del cuerpo de su mujer. – Le dije, aunque pensaba que aquel tipo era un perfecto imbécil: ¡despreciar el placer de contemplar algo tan bello y sugerente!

Tengo una hermana menor que yo. Cuando nació yo tenía 10 años. Y me encantaba ver cómo mi madre le daba el pecho, me quedaba pasmada, mirando. Y a menudo me acompañaba en esta función de espectado, mi padre. A él también le gustaba estar presente cuando mi madre amamantaba a mi hermana.

Sabio hombre, tu padre. Porque es un momento hermoso. – Y aseguré, por si creía que era un cumplimiento.- Lo digo de verdad.

Ya lo sé que lo dices de verdad. He visto cómo me miras.

Eres una mujer hermosa y cuando das el pecho a tu hijo, eso te hace más hermosa aún.

Me voy a ruborizar. – Susurró Zenobia, con la cara inundada de color, y los ojos expresivamente abiertos.

Cuando creían que yo no estaba, veía a mi madre darle el pecho también a él. – Zenobia recordaba con nostalgia y emoción aquellos momentos.- Me gustaba ver a mi papá chupando las tetas de mi madre, como si fuera un bebé.

Nos mirábamos en silencio, esperando que uno u otro diera el paso. Me percaté que dos manchas húmedas marcaban sus pezones en la camiseta. No sabía si era correcto o no señalárselo, pero ella se dio cuenta cómo la miraba a los pechos y le restó importancia. A mí me excitaba aquella visión y deseaba tener el valor de decírselo. Zenobia notó mi nerviosismo y me preguntó en quí pensaba. Y quemé mis naves.

Estaba pensando, probablemente como tu papá, que es una lástima que se desperdicie una leche tan dulce.

¿Cómo sabes que está dulce? – Preguntó con un gesto de coquetería.

Sólo puede ser dulce saliendo de tus pechos. – Contesté.

¿Te gustaría comprobarlo?

Al preguntármelo, hizo además de que me sentara a su lado. Creí que aquello no me podía estar ocurriendo a mí. Obedecí y me puse a su lado. Ella se quitó la camiseta y entonces yo me estiré en el sofá, apoyando mi cabeza en su regazo. Ella me cogió con sus manos, como hacía con su bebé y me atrajo hacia sí para ponerme un rebosante pezón en mi boca y empecé a mamar. Primero con suma delicadeza, con miedo a hacerle daño; después con mayor intensidad al comprobar que a Zenobia me apretaba cada vez más contra sus pechos demostrándome de forma inequívoca que le gustaba lo que estábamos haciendo. Cuando abría los ojos y miraba hacia arriba veía su cara demudada de placer. Su leche era espesa y tibia y dulce. Sin duda la ambrosía de los dioses.

Como hacía con su bebé, a mí también me cambió de teta, y repetimos la toma con la misma intensidad y sintiendo igual placer.

Cuando acabé de amamantarme en sus fantásticos pechos, Zenobia se puso de nuevo la camiseta, me dio un beso maternal en los labios y se disculpó comentando que estaba muy cansada, que había pasado mala noche y aprovecharía que el niño estaba durmiendo para echarse ella también un rato.

Aunque me había dejado completamente empalmado y con ganas de continuar disfrutando de otras partes de su cuerpo, calculé que no era prudente tentar a la suerte. Así es que como no quería esperar todo un día para volverla a ver, le pregunté si podía invitarla a comer en mi casa. Le expliqué que esos días cocinaba yo y que es muy aburrido comer solo.

¿A qué hora quieres que vaya? – Me preguntó sin más rodeos.

A las dos es buena hora. ¿Ya habrás dado de comer a tu pequeño?

No. Él tiene la toma a las tres.

Perfecto. – Contesté, pensando en que ella traería mi postre.

Ella notó, por la expresión de mi cara, cuáles eran mis intenciones y me guiñó un ojo mientras yo marchaba.

Buenos días. Que tengas felices sueños. – Me despedí.

Hasta luego Jorge.

Tenía cinco horas por delante. Tiempo suficiente para dar un paseo y comprar antes de ponerme a preparar la comida. Camino al supermercado pasé delante de un videoclub y recordé la alusión que Zenobia había hecho de su parecido a una actriz de una película. Entré y pregunté si tenían American Pie, el dependiente me dijo qué parte quería, yo le respondí que la primera. En cuanto llegué a casa, antes de preparar la comida, me puse la película. Aunque era la típica película de adolescentes americanos con las hormonas revolucionadas, no estaba mal del todo y la verdad es que la protagonista femenina, que era una belleza espectacular, ciertamente se parecía a Zenobia.

Todo aquello me había producido una enorme excitación y si no fuera porque me resultaba una especie de infidelidad hacia mi admirada y joven mamá, a la que estaba a punto de volver a ver, me hubiera relajado aquel monumental calentón en el lavabo.

Zenobia fue puntual y yo ya tenía la mesa y la comida preparada. El bebé estaba aún dormido. A ella le gustó la lasaña que había preparado, aunque no pudo disfrutar lo mismo del vino lambrusco que acompañaba el plato porque no debía beber alcohol mientras diera de mamar.

Después de comer le mostré el piso y luego nos sentamos en el sofá a tomar un café. Los dos eludimos hablar de lo que había pasado esa mañana en su casa. Aunque yo estaba expectante por asistir a una nueva sesión de lactancia de su hijo, con la firme esperanza de que quedara algo para mí.

El momento esperado por fin llegó. El pequeño se había desperezado hacía unos minutos. Zenobia lo cogió en brazos, se desabrochó la camisa, dejando al descubierto el sujetador. Levantó la cubierta del pecho izquierdo y empezó a dar de mamar al pequeño.

Aquella visión, aún siendo igualmente atractiva, tenía ahora otro sentido para mí. Disfrutaba viéndola dar de mamar pero a la vez me impacientaba que no acabara ya.

A mi entender la toma estaba durando más de la cuenta. Zenobia se percató de nerviosismo y me dijo:

En las anteriores tomas ha comido poco, y ahora se está resarciendo. – Y exclamó - ¡Bruto, me haces daño! – Y volvió a dirigirse a mí. – Cuando se impacienta porque no sale como él quiere me muerde los pezones con las encías.

Yo continué esperando, hasta que por fin el pequeño cayó extenuado y Zenobia me anunció:

Me ha dejado seca. Hace tiempo que no tomaba tanto.

Pensé que aquel bebé me había fastidiado la tarde, pero Zenobia me había leído el pensamiento y después de dejar al bebé en el carrito, dormido como un ángel, pidió permiso para ir al lavabo y cuando volvió se sentó a mi lado y se abrazó a mí, como para consolarme.

¿Estás enfadado porque mi Alejandro te ha dejado sin tu lechecita?

¡Pobre niño! No. – Y añadí – Si tú quieres, ya me darás cuando te vuelva.

Sabes, hace poco vi un documental en la tele sobre una tribu de África, era sobre la vida de un niño pastor de vacas. Bueno,…. Vacas: la especie de vacas que tienen allí. – Escuchaba a Zenobia e intentaba adivinar qué relación podía tener con la leche de su pecho.- Me llamó mucho la atención lo que hacía aquel muchacho para provocar la estimulación del animal para que diera más leche. ¿Sabes lo que hacía? – Me preguntó.

No. – Me imaginaba que le haría algo en las ubres, estaba deseando conocer el final de aquel relato.

No te lo imaginas. ¡Me quedé de piedra! El pastorcillo se puso detrás del animal y amorró su cara al sexo de la vaca, lamiéndole… Bueno, ya sabes,… lamiéndole.

Aquella era la revelación más interesante que jamás me haya aportado un documental de televisión. Lo interpreté como una invitación y noté que ella también lo quería. Me arrodille frente a Zenobia, le levanté la falda y ella misma se bajó las braguitas. No me lo pensé dos veces, hundí mi cara en su coño y empecé a besarlo y a lamerlo con fruición.

Zenobia se retorcía de placer, estirándose cada vez en el sofá, apretándose contra mi cara. Estaba fuera de sí, como si hiciera mucho tiempo que no disfrutaba de una caricia tan íntima. Yo también me sentía en la gloria comiéndome aquel inesperado postre. Estuve unos minutos follando su rajita con mi lengua hasta que Zenobia logró un prologando y expresivo orgasmo. Me hizo incorporarme, me tomó la cara entre sus manos y me besó con pasión en la boca, degustando su propio sabor. Y después me anunció, mirándose los pechos: Ha funcionado.

De sus pechos volvía a brotar el exquisito manjar. Yo me recosté otra vez sobre su regazo y esperé como un niño a que Zenobia me pusiera sus pezones en mi ansiosa boca. Cuando por fin empecé a succionarlos, me llevé otra agradable sorpresa. Ella me había bajado la cremallera del pantalón y había liberado mi empalmada verga, empezando una sesión de caricias que, unidas a la excitación de tener sus tetas en mi boca, me estaba provocando un placer indescriptible.

Al cambiarme a su pecho derecho, Zenobia aprovechó para inclinarse más sobre mí. Me agarró con fuerza la polla y estiró para que yo lo pusiera lo más cerca posible de su cara. Tuve que improvisar una forzada postura, elevando las piernas que dejé apoyadas sobre el respaldo del sofá, pero valió la pena, porque de esa forma, mientras yo apoyaba mi cabeza sobre su regazo y mamaba su espléndida teta, Zenobia hacía lo propio con mi agradecido miembro.

Con tanta tensión acumulada durante todo el día, mis huevos estaba increíblemente cargados. No podía contenerme, le anuncié que me corría y ella me dio permiso para hacerlo sin dejar de chupármela. Fue una corrida espectacular, no dejaba de descargar mi leche dentro de su boca, y Zenobia no me la dejó hasta que la lamió y rebañó el capullo con agrado.

Me incorporé y me senté a su lado. Los dos estábamos extasiados. Ella se me abrazó y cuando me quise dar cuenta, se había adormilado, con su carita de ángel, como su bebé. Y yo me quedé allí, inmensamente feliz, pensando de qué modo, a partir de entonces, podría revivir aquellos irrepetibles momentos

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